Se lanzó la temporada de brama en Parque Luro

Se lanzó la temporada de brama en Parque Luro
marzo 18 12:28 2021 Imprimir este Articulo

Desde ayer, con el lanzamiento de la temporada de brama, los turistas pueden buscar la experiencia en la naturaleza en Parque Luro. Las caminatas, además, ofrecen encuentros con guanacos, liebres y ciervos.

Ayer por la tarde se lanzó la temporada de brama en el Parque Luro. Esa en la que el bramido de un ciervo macho resuena entre los caldenes y una manada de hembras cruza por un claro.

La brama del ciervo, ese momento de la naturaleza que ofrece el monte pampeano, es una experiencia que año a año quieren vivir cientos de turistas de todo el país.

El Parque Luro es el marco natural y contorneado por la intervención cuidada del hombre que permite una caminata por el bosque de caldén hacia el avistaje de la brama.

Es una vivencia de sonidos naturales, salidas fugaces de perdices, corridas de guanacos, el campaneo de una liebre y el trote de unos bambis.

Un equipo periodístico de El Diario estuvo en el lugar. El guía fue Horacio Riesco, un apasionado del Parque Luro que ahora es su director.

Otro contingente estuvo compuesto de una veintena de turistas: hubo de todas las edades, chicos y chicas adolescentes y mujeres de casi setenta.

La partida fue desde el restaurante, remodelado, que tiene un patio con mesas de madera artesanal. También un enorme asador, rodeado por un vidrio: parece un escenario donde luce el asado pampeano.

Riesco avisó: «Vamos a ir a buscar los ciervos. Hay tramos en los que hay que ir en silencio y otros en los que les voy contando lo que pasa».

Apenas alguien se metió en el bosque, apareció el rastro de la naturaleza: cuevas, con la tierra fresca. También otros pozos con tierra removida de más de un metro cuadrado: «Esto es la hozada de un jabalí». Con un revolcón, marcan su territorio. Nada para temer, advirtió.

A medida que avanzó el recorrido en el monte, los bramidos se escucharon más nítidos. Un sonido ronco, gutural. Uno más grave que el otro: «Los más graves son de los más grandes, los otros son de los machos más jovencitos», explicó Riesco.

«Estas son escaramuzas, amenazas. Cuando aparece el ciervo más grande, casi está en silencio. Y los otros se van», añadió.

Los machos con el bramido pelean por formar su harén de ciervas. Ocurre entre principios de marzo y mediados de abril. «Es toda una combinación. Los machos están en celo y las hembras ovulan. Esto ocurre durante cuatro días en ese período», dijo el guía.

«La vida del ciervo ronda los 18 años. El macho alcanza su esplendor entre los diez y doce años. Esa cornamenta que llega a medir dos metros con decenas de puntas crece en solo tres meses: cada año se le cae y vuelve a crecer», destacó Riesco.

Un 10% de una población de ciervos son machos. Están en condiciones de reproducir a los cuatro años. Las hembras ya al año y medio están en condiciones de reproducción: lo harán hasta un año antes de su muerte, que ocurre en promedio a los 18 años.

En el monte de caldén quedan las marcas del paso del ciervo macho. Caldenes raspados, donde afila su cornamenta. También arbustos desgarrados, utilizados para marcar el territorio.

Toda la recorrida fue con un concierto de silbidos y cantos de pájaros: churrinches, benteveos y cardenales amarillos, entre otros.

La puesta del sol es otro momento que regala la brama: el sol que se esconde detrás del horizonte tiñe las nubes en tonos rosas, salmones y naranjas. Todo ocurre en minutos. Los tonos se apagan y todo termina en la penumbra.

  Categories: