¿La Pampa entró en la política del siglo XXI?

¿La Pampa entró en la política del siglo XXI?
agosto 22 23:06 2017 Imprimir este Articulo

Por Norberto G. Asquini

Los resultados de las elecciones del domingo 13, un ensayo de las generales que vendrán dentro de dos meses, dejaron latente la incógnita de cuánto pesan las estructuras políticas a la hora de definir el respaldo a una lista y cuánto representa el voto autónomo. Y también si el triunfo de Cambiemos parece romper la regla de la invencibilidad del peronismo pampeano.

El domingo 13 observamos un masa de votos que se movió independiente de las estructuras tradicionales y que le dio el triunfo en las PASO a la lista del macrismo encabezada por Martín Maquieyra. Un resultado que rompió la física política provincial en varios sentidos: el PJ fue derrotado en cantidad de votos tras 32 años -si bien tuvo el candidato más votado- y la UCR derrotada en una interna luego de 34 años. Y por primera vez una “tercera fuerza” en la provincia se consolida luego de tres elecciones seguidas. Maticemos nuestra perspectiva: fueron elecciones legislativas y con primarias donde el voto es más disperso, nacionalizado y testimonial, ya que en las ejecutivas pesan otros intereses y arrastres y es más pragmático.

Voto autónomo, voto moderno
Las PASO, criticadas por muchos, fueron bien usadas en La Pampa. Un laboratorio que permitió al votante decidir al interior de cada fuerza por sobre las estructuras. Y sobre todo por la participación de un votante autónomo, independiente, espontáneo, silencioso. ¿Cuál fue el apoyó al macrismo: un voto oculto o vergonzante, el fanatismo anti-K, el opositor al PJ? Un voto que “salió de abajo” para darle la victoria a la lista del presidente Macri. Pudo haber un voto anti-CFK o en apoyo a las expectativas que puede generar el gobierno nacional, pero el analista Carlos Fara observa que también hay cuestiones estructurales de largo plazo.

Se observó en lo comunicacional, pero también en lo político: hubo un claro enfrentamiento entre dos siglos, la política del XX y la del XXI. Ganó el último de manera contundente, y lo seguirá haciendo. Es el de la sociedad (y la democracia) líquida de Zygmunt Bauman que bien analiza Jaime Durán Barba. Y el consultor ecuatoriano, tan descalificado por muchos, acierta en describirla y abordarla en sus libros, y mal no le ha ido. Es el nuevo votante, volátil, de la era de las tecnologías y las redes que tiene una nueva lógica y concepción del mundo. “El peronismo es territorial y la política se va convirtiendo en medios y redes”, continúa Fara. Habría que preguntarse, ¿el siglo XXI ha llegado a La Pampa?

La crisis de las lealtades
Asistimos al estallido de las lealtades partidarias y nos encontramos con bases con un comportamiento propio. Hay un dramático cambio en los electores, que afecta también al peronismo, en el que hay más voto simpatizante, que es contingente, y menos voto leal. Es el aumento de la volatilidad en el polo peronista, donde los símbolos del PJ ya no ayudan, por eso CFK o Massa no los usan.

Es la nueva política, la de estos tiempos, la de un votante al que hay que interpelar con otros ojos distintos a los de la política tradicional. En 2013 Mac Allister explotó las redes sociales en su campaña, en 2015 Maquieyra la amplificó hacia el WhatsApp. Las nuevas generaciones de dirigentes del PJ observan como la peronización de la campaña pudo haber influido en perder el apoyo de simpatizantes. Los actos tradicionales ya son un anacronismo, como las puestas en escena de una lista radical en la que las caras eran siempre las mismas.

Las dirigencias tradicionales sobreestiman el peso de las estructuras y subestiman al votante autónomo. La baja participación, el alto voto en blanco y los votantes antisistema, que los hubo, muestran de otra manera el mismo fenómeno, aunque represente al descreído de toda la dirigencia política y nunca los vaya a votar.

Ahora, el peso de las estructuras
Volvamos a nuestra realidad. Las estructuras políticas, y la política, todavía tienen su peso. Como en el PJ, como partido de gobierno, con una identidad apegada a la lógica del poder o al uso del Estado, pero con una historia común, inserción en instituciones y una conducción fuerte desde el gobierno. El justicialismo, igualmente, se va aggiornando. A pesar de mantener la sigla PJ, el gobernador Carlos Verna construyó una coalición electoral a la que adhirieron diferentes versiones del peronismo y cuya eficacia se verá en octubre.

En lo estructural, la UCR va haciendo agua. Aún en la derrota, se escucha a su presidente hablar de que se cumplió el objetivo de haber ganado la interna propia y que en 2019 van por el PRO. La realidad le pasa por el costado. La UCR mira hacia el siglo XX, y hace gala de su ombliguismo. Tiene su peso territorial e institucional con legisladores e intendentes, pero que en cada elección van disminuyendo, y es acechada por el PRO y la falta de rumbo político.
Y por supuesto, las estructuras también son usadas por el PRO, con los recursos y el apoyo del gobierno macrista, el despliegue mediático nacional, con sus funcionarios nacionales en la provincia y hasta utilizando al Estado para el reparto de beneficios. Una cuestión que indignó a dirigentes del PJ, como si nunca se hubiera utilizado en La Pampa.

¿El PJ es invencible?
El periodista Facundo Matos Peychaux analizó la derrota de varios oficialismos provinciales, como el de La Pampa, gobiernos supuestamente imbatibles y que rara vez pierden elecciones. Y se preguntó qué puede pasar hacia adelante, si bien afirma que estos resultados no son atípicos ni deberían llevar a apresuradas ilusiones de alternancia. Para colmo este fenómeno se dio en cuatro de las seis provincias que son gobernadas por el mismo partido desde 1983 (La Pampa, Neuquén, San Luis y Santa Cruz).

¿Se rompió la regla de la invencibilidad del PJ pampeano? Un voto de contexto anti-K o el deseo de acompañar al gobierno nacional, la aparición de una opción electoral opositora competitiva, el uso del voto opositor en elecciones de medio término como mecanismo de contrapeso y la inexistencia de figuras de peso político fuerte –como no ocurre, por lo general, en las ejecutivas– pueden haber contribuido, en mayor o menor medida a este resultado, analiza el periodista.

Igualmente hay que calmar los triunfalismos opositores. Fue una elección legislativa, y primaria, y los resultados pueden anticipar la ejecutiva como no, pero en estas hay otras motivaciones.

Muchos oficialismos provinciales tropezaron en las primarias. Pero un tropezón no siempre es caída. Al peronismo pampeano, en el gobierno desde hace 34 años, lo sorprendió un resultado. Ganarle una elección ejecutiva es otra cosa.

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